Así como en el cine, casi nunca queda una escena sin música de fondo, en mi día a día pasa lo mismo... Me he dado cuenta de que soy adicta a la fusión deliciosa de sonidos y silencios, a los acordes y los compases, al sincopado y al beat que da razón a mi vida.
Con o sin audífonos, la música está en mi cabeza, en mi boca, en mis pulmones, en mis venas... Gracias, larga cadena genética, por heredarme tantito de esto.
Con o sin audífonos, la música está en mi cabeza, en mi boca, en mis pulmones, en mis venas... Gracias, larga cadena genética, por heredarme tantito de esto.
Manya!...q envidia si el gusto te viene por familia. En mi caso tuve q vérmelas x mi mismo, y hurgar aqui y allá, pero también tiene su gracia explorar.
ResponderEliminarPaja tu blog.
Afortunada soy, al tener vivo, aún, a un abuelo con 85 años, de los cuales 80 han estado repletos de partituras!
ResponderEliminar